Gulnara

Y ahí está, justo en la segunda página. Gulnara Karimova, con su melena amarilla, levemente trenzada y su vestido largo en un verde oscuro estampado de flores grandes y delicadas… con la mano posada en lo que parece ser una columna de madera natural que destaca su mano larga de uñas muy bien pintadas y un sortija con un peñón verduzco y transparente que le cubre y seguramente le inmoviliza, los últimos dos dedos de la mano. Tan esbelta, de sonrisa tan perfecta. Tan chic.

Hasta este momento no sabía que existía Gulnara Karimova. Mucho menos su país, Uzbekistán. Creo que falté el día en que lo mencionaron en la clase de Estudios Sociales o simplemente no atendí, cosa que me extraña porque la única clase que en la que no atendía era la de matemáticas.

Pues me acabo de enterar que Gulnara – ¿cómo le dirán cariñosamente sus amigos, Gulni? – es la embajadora de Uzbekistán en España, miembro de las Naciones Unidas, diseñadora, y dueña de una monumental mansión en la sinsoreta, que diga, en una montaña en Asia Central. De la casa no pienso contarles porque no quiero enterarme de que por mi culpa han infartado, solamente les diré que por aquello de comparar, nosotros, los mortales, vivimos en chozas con techos de pencas de palmas. Pero no sólo eso, sino que Gulnara está considerada una de las mujeres más ricas de la ciudad de Ginebra. Acángana. O sea, que en la repartición ella llegó de las primeras. No es de extrañar entonces que este magacín le dedique catorce páginas, sí, catorce páginas, a las que sigue la retreta de imágenes y noticias de guapísimos toreros, infantas, infantes, príncipes, reyes, artistas, todos bonitos, todos delgados, todos glamorosos e importantes.

El gusto por este magacín lo heredé de mi abuela, bendito, una jíbara de Ciales que se bebía cada edición y se sabía de rabo a cabo los nombres y apellidos de toda la realeza. Supongo que imaginariamente escapaba de su realidad frente a la estufa en aquella casa en que nos criamos, siempre con olor a comida rica y siempre con griterío de niños. Recuerdo que mientras batía la masa espesa de la sambumbia de viandas que rayaba para hacer alcapurrias, me contaba sobre los reyes, las reinas y por ahí pa’ bajo de cuanta gente importante habitaba ese país. Y yo eleta, escuchándola mientras se me escapaba un hilo de baba.

Así que cuando me abruma el ambiente recalcitrante de corrupción, estupidez y criminalidad que caracteriza nuestra realidad, cuando me harto de los titulares que exaltan la negatividad, cuando me entra el pánico o me canso, hago como mi abuela, y durante unos minutos me escapo hundiendo las narices en esta revista que todavía pulula entre las vidas de tanta gente de alcurnia…. Tan bonitos, tan elegantes, tan importantes.

Como Gulnara.

Uka Green / Copyright 2011

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