Los dos potes bocabajo

 

Los dos potes bocabajoAbro la nevera y encuentro, en la puerta izquierda, dos potes colocados al revés, bocabajo, en un intento de poder extraerles, la próxima vez, hasta la última de las gotas del producto envasado. Uno es de ketchup. El otro es de una salsa con miel de una marca poco común que compro de tres en tres cuando por fin la encuentro en alguna tienda..

No sé si he actuado mal al hablarles con la verdad a nuestros hijos sobre la situación económica que atravesamos a nivel mundial. Supongo que en algún momento todas las madres nos preguntaremos lo mismo: ¿qué decirles? ¿qué no decirles? ¿informarles estará bien o estará mal? ¿y cuánta información se les debe proveer?. Estos dos potes bocabajo – que me lucen en penitencia – activan mi botón de alerta.

Lo menos que quiero es infundirles preocupación, o lo peor, miedo. Quizás no es tan preciso hablarles sobre la falta de dinero si total, la crisis es protagonista en todas las casas y se ha instalado en la alacena, en los closets, en las carteras, en las menos horas de tiendas, en la merma de comidas afuera, y así por el estilo. La jodida crisis ha cobrado vida como si fuera una anaconda gigantesca que se arrastra con astucia, con negatividad y se cuela en todas las áreas de nuestro diario.

 

Me conmueve el esfuerzo que han hecho por “exprimir” esa última gotita, especialmente porque no me han dicho nada y me toma por sorpresa. Es más, me dan ganas de llorar y de inmediato me cuestiono qué es lo correcto para nuestros hijos, saber o no saber. Me remuerde la conciencia recordando cuánto les hablo de la criminalidad, de la hambruna, cuánto les echo en cara lo que tienen versus lo que no tienen los demás. Me pregunto si no será demasiado para su madurez, para su espíritu y para su edad.

Y no sé qué hacer.

Sospecho que así como han nacido con un chip que les ha permitido introducirse en un mundo tecnológico de una forma muy natural, mis hijos, y todos los hijos, transitan por esta economía con bastante normalidad. A fin de cuentas lo que no se conoce no se puede extrañar. Para ellos virar los potes es un acto natural mientras que para mi es el recuerdo de la época de bonanza que todos vivimos y la época de carencia que tenemos ahora que enfrentar.

Menos mal que me queda la tranquilidad de que los niños de este nuevo siglo son más fuertes que todos nosotros. Por lo menos creo que mis hijos lo son.

 

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