Awilda

Leo el periódico con temor.  Sospecho que me toparé con una de esas noticias que anuncian que se nos ha ido una vida más a consecuencia de un acto despiadado de maltrato. Quisiera leer solamente buenas noticias, instalarme por un tiempo en Lalaland al resguardo del desamor, de la carencia de piedad, de la violencia que casi nos impide dar un paso más como sociedad.

Pero fracaso en mi intento y ahí está la noticia. Es como un látigo que provoca heridas profundas que no cicatriza. No hay pomada, unguento, ni medicina capaz de borrarlas.

Esta vez se llama Awilda…. Awilda Janet Torres Medina. Y fue degollada.

No tengo capacidad suficiente para imaginar esos últimos segundos de vida, mientras yacía en el charco de su sangre, mientras se le escapaba el alma en cada gotita. Pensaría en sus hijos? Creo que eso haríamos las madres, pensar en nuestros hijos, enviarles un mensaje mentalmente, orar… o será que en ese lapso de tiempo no da el tiempo?

Awilda es una de las dieciocho mujeres que han muerto violentamente en Puerto Rico este año y una de las miles en la cifra de todo el planeta.  La muerte no debería ser violenta, al contrario, ese cambio debería ser tranquilo, sosegado, en paz, rodeados de nuestros seres queridos, con la sonrisa que produce la satisfacción de haber vivido este mundo bien vivido. Pero para algunas no lo es . Imagino que el alma llega al otro lado asustada, fatigada, encabritada por haber llegado a destiempo.

Awilda tenía cuarenta y dos años. Le quedaba tanto por vivir! Un hijo de 20 años, otro de 17, una niña de 6….tres seres que quedan a la deriva porque a pesar del abrazo de la familia, la partida violenta de su madre siempre se les quedará ahí… ahí… ahí….

Escribo estas líneas apretando las lágrimas que amenazan con asomarse y que me impedirían seguir. A estas alturas de mi vida no necesito conocer a alguien para llorarle. La tristeza me estremece el cuerpo, es como una calambrina suave, como una corriente, como si se me despertaran en el cuerpo unas neuronas especiales para el dolor.

Me duele. Inevitablemente me duele. Me duele Awilda, me duele Carmen, me duele María, me duelen todas las mujeres que han tenido un cruel desenlace. Me duele el corazón, me duelen las tripas, me duele la mente, me duele el alma, me duele, me duele, me duele.

Y pienso en mis hijas….

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