Esa frase que puede salvarlas

Uno de mis mayores miedos como madre es que mis hijos – hembras y varones, porque no olvidemos que los hombres pueden ser víctimas también – sean abusados, maltratados, violentados. Los episodios de violencia no son exclusivos de tal o cual país, son una plaga que vivimos todos como sociedad en este planeta que nos ha tocado habitar en un tiempo y un espacio bastante agrio y árido. Me aterra, y lo he dicho y escrito infinidad de veces, que alguno de los míos pueda ser presa fácil de esos depredadores de autoestima y voluntad que se levantan como los monstruos escamosos y horribles que son para lacerar su espíritu, golpear su físico y lo que es peor, manipular y controlar sus vidas.

Sin duda alguna comparto este miedo punzante con otros padres que, como yo, no saben qué hacer para proteger a sus hijos. Mis rezos son interminables, por los míos y por los demás. El dolor cada vez que algo así sucede es inevitablemente compartido. Las escenas de horror invaden la mente como una lluvia de puñaladas. Le pido a Dios con todas las fuerzas de mi alma que me capacite para detectar el más mínimo signo de violencia, de maltrato, el golpe más clarito, más pequeño… que me de vista suficiente para observar cualquier rastro de tristeza, esa mirada apagada que tienen todos los victimizados… le pido además que me active la astucia, el olfato que tenemos los padres para darnos cuenta de ese olor ácido que nos dice que algo está mal…. y sabiduría, mucha sabiduría para guiar a mis hijos en sus relaciones de pareja, de amistad, de trabajo, porque en todas las áreas de la vida diaria se puede presentar el maltrato.

Comparto hoy con ustedes que me acompañan en el temor una regla que he creado intentando tener un aliado en la lucha por salvaguardar la vida de mis hijos. Es una frase. Una simple frase. Una frase secreta, una clave. Le he dicho a mis hijas que esa frase que deben decirme personalmente, por teléfono, por escrito, como sea, será el detonante que me indicará que debo salir corriendo a buscarlas no importa dónde estén. Es una frase que deben decir así, como si nada, y a la que yo debo contestar así, como si nada, esto para no dar alertas que puedan ponerlas en mayor peligro porque han hablado. Esa frase, por simple que parezca, puede salvar una vida.

Quizás no sea una idea sofisticada, pero es, a fin de cuentas, un arma, mi arma, mi botón de alerta para salir disparada.

UKA GREEN / COPYRIGHT 2014

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s