Roberto Carlos

Que yo recuerde siempre fue delgado, esbelto, sin esa corpulencia arrancasuspiros que exhibían algunos cantantes en los ’70 y ’80s. Lo suyo le venía en la voz, un chorro melodioso y cálido que derretía los oídos y bajaba por el cuerpo en un bailoteo de extrema sensualidad. Ahora esa delgadez denota que el tiempo no ha pasado en vano y que es imposible no dejar marca cuando se han vivido setenta y tantos años.

Puede que el público lo haya notado. Puede que se haya fijado en que en vez de aquella melena gruesa el cabello va luciendo escaso y que sobre la frente han aparecido unos cuantos flequillos en sustitución de aquella pollina que siempre lucía al descuido. Pero en cuanto Roberto Carlos abrió su boca todo lo anterior pasó a un segundo plano, es más, hasta se olvidó y dio paso a un concierto mágico en el que intimó con un público sumido en un trance, cautivo.

El concierto fue en Puerto Rico, país que disfrutó de sus éxitos musicales en una época en la que se respetaban las composiciones, las costuras perfectas que hilvanaban los sonidos con las letras. En el escenario, vestido majestuosamente por un sensacional juego de luces, una banda de 19 músicos rodeaba a esa figura central que se imponía con su traje impecablemente blanco. El se agarraba al pie del micro y se movía suave y lentamente de un lado a otro mientras hipnotizaba al público con su voz, esa voz intacta de la que emana la misma sensualidad con la que impactó el mercado musical en sus comienzos.

Roberto Carlos es de esos artistas que ofrecen, más que un concierto circense con bailarines y piruetas, una experiencia. Canta, saluda, canta, entrelaza los temas con palabras, con anécdotas, canta, se ríe, canta… un éxito tras otro, 21 en total. Que será de ti, Cama y Mesa, Detalles…. y sigue en ese español con sexy acento portugués…. Emociones, Desahogo, Lady Laura – dedicada a su madre – , Mujer Pequeña, And I Love Her…. y sigue El Portón, Tu regreso… habla con el público, se refiere con respeto y coquetería a las mujeres, y sigue Propuesta, Las Curvas de Santos, El Gato en la Oscuridad… El Día Que Me Quieras, La Distancia, Te Amo, Te Amo, Te Amo…. la recordada Jesucristo, la mil veces cantada Amada Amante… Amigo y llega al final de ese encuentro con Un Millón de Amigos mientras el público baila, se contonea de izquierda a derecha, le mira, le aplaude, corea.

La casa productora del concierto – José Dueño Entertainment – se anota un éxito rotundo al complacer a miles de personas que oscilan entre la segunda y tercera edad, ávidos de que se atiendan sus gustos, de que se haga un aparte entre el pop, la salsa y el reggaetón para darle espacio a esa vibra maravillosa de una generación de intérpretes que todavía se mantiene vigente y que con su sola presencia en el escenario logra transportarlos a esa época en la que reinaba el romance, el verso, ese galanteo entre el artista y sus oyentes. Espacios y fechas hay de sobra para lo de moda. Espacios y fechas hay que tener para ese segmento de la población que merece revivir tantísimas canciones que marcaron momentos, sus momentos.

 

 

 

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