Que cada cual bote su basura

El bote de la basura está lleno, llenísimo. Lo sé con sólo mirarlo de lejos. Está ahí, sentado en una esquina de la cocina y con la tapa a medio abrir. Es gris, porque gris debe ser su vida como receptor de desperdicios. Tiene un pedal que al empujar abre la tapa y la deja boquiabierta mostrando la bolsa blanca, de esas super dinámicas que se han inventado para comercializar.

Hoy no tiene que hacer esfuerzo porque tiene la boca totalmente abierta, espatarrá. Si tuviera dientes estaría mostrando hasta los cordales. Pero no importa que esté llena. Los espíritus de mi casa – porque mis hijos se caen de culo de que ellos no fueron, no y no – han ignorado su llenura y han seguido colocando basura y más basura. Fíjese usted, tan fácil que es determinar, de reojito, que no cabe nada más, cerrar la bolsa, tirarla donde va y colocar otra. Pero no. Es como que un demonio, colorao y presentaíto sentado en uno de sus hombros, le dicta “no, dále, echa algo más, no importa, mete, mete y sigue tu camino”.

Carajo.

Me toca a mí, que estoy sola a esa hora, vaciar las entrañas de ese bote que ya mismo estira la pata y se va a buen vivir para que un modelito nuevo le sustituya. Entonces, como siempre, me revolotea el pensamiento…. Pero si es que somos iguales, así, de esos que echa y echa la basura de nuestras acciones una encima de la otra, y otra, y otra, hasta convertir nuestra vida en un mismísimo vertedero. Y de los políticos, qué les cuento, cada cuatrenio vacían la caca, el excremento, encima de un país – y no me refiero solamente al nuestro porque en eso señores, no estamos solos – y van acumulando más y más hasta que llegamos al punto de no poder más, de reventar.

Tan fácil que es mover el culete y ser proactivo. Botar la basura de nuestras casas, botar lo que no sirve de nuestras vidas, botar la inmundicia que amenaza con destruir cada país. Coño, tan fácil. Y recuerdo aquel sermón que decía Padre Pepe, un sacerdote español que se convirtió en parte de mi familia y que tenía un arte para dejar a uno con las babas en cada sermón de misa.

Resulta que en un país muy lejano había un problema enorme con la basura. La gente se puso histérica y los políticos de brazos cruzados ante la posible amenaza a la salud que representaban toneladas de desperdicios por toda la ciudad. Se agruparon, realizaron un cónclave (un cónclave señores, imagínense… esto lo digo yo, no mi querido Pepe) para discutir cómo solucionar aquel problemón. Entonces, un señor que limpiaba en aquel recinto en donde se reunieron se escuchó a lo lejos, sí, una vocecita que se alzó entre todos aquellos carcamanes enchaquetados, intelectuales de alta alcurnia. Permiso, permiso, dijo aquel humilde señor, yo tengo la solución. Todos lo miraron perplejos, cómo era posible que aquel don fuera tan atrevido de interrumpir para dar diz que una solución.

Es fácil limpiar la ciudad en un solo día…. Lo que tenemos que hacer es cada uno limpiar el frente de su hogar. Y por arte de aquel señor y aquellas palabras la ciudad en cuestión quedó spic and span.

Pues lo mismo deberíamos hacer nosotros, limpiar nuestro frente, bregar con nuestra vida. Si cada cual se ocupa de lo suyo quedaremos limpiecitos y listos para el 2016. No les parece?

UKA GREEN / COPYRIGHT 2015

 

 

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