Aprender de los hijos

Nuestros hijos la tienen difícil. De cierta manera están jodidos. Han nacido en un mundo con códigos nuevos que ni siquiera nosotros entendemos. Se levantan en una economía deprimida, apretada, y viven rodeados de pequeñas guerras que se desatan a lo largo y ancho del planeta. El clima se ha confundido. Vórtices producen nevadas despampanantes, se inundan de lluvia los lugares secos y acá en el trópico hasta escasea el agua.

Me pregunto donde vivirán mis hijos. En mi época uno se graduaba y con el título universitario conseguía trabajo casi de inmediato, un trabajo que remuneraba lo suficiente como para rentar o comprar un apartamento, una casita, un techo. Ahora los muchachos llevan el título de adorno y  protagonizan un novelón dramático y monumental en busca de trabajo porque simple y sencillamente no hay, o bueno, déjame no ser tan negativa con eso de no hay, digamos mejor que no hay tanto. No hay cama pa’ tanta gente, como dice el refrán.

Conozco un chico graduado de ingeniería mecánica de una prestigiosa universidad y trabaja estacionando autos en un salón de belleza. Así tengo sobrinos, primos, amigos, hijos de mis amigas…igual.

Me pregunto donde vivirán. Con qué y donde construirán su futuro, su familia, su bienestar. El costo de la vivienda es exhorbitante. Menos mal que existen unidades reposeídas que quizás puedan comprar. O sea, que les tocará un espacio que otro tuvo que desocupar y se construye su felicidad sobre la infelicidad de alguien más.

La tienen difícil, dificilísima. Y los admiro. Los admiro porque a pesar de todos los pesares no han perdido la sonrisa ni la capacidad de disfrutar. Arman la fiesta con un six pack de cerveza, se conforman con el licor barato que puedan comprar, reciclan y se prestan la vestimenta. Ríen a carcajadas, lloran como un manantial, viven cada minuto de la forma más intensa. El mañana ya llegará.

No sé si ustedes lo han notado, pero tienen algo maravilloso nuestros hijos. Miran con ojos inclusivos, no se escandalizan con los nuevos formatos de la familia, no juzgan y, al contrario, han creado una nueva normalidad en la que no existen las pendejadas recalcitrantes con las que nos criaron.  La política como la conocemos nosotros ni les viene ni les va. Se fijan en el que trabaja bien y con ese se van. Han aprendido a vivir en un mundo abusado y lacerado, se inclinan por defenderlo, cuidarlo, limpian playas, valoran las montañas, aman la playa. Han optado por una diversión que casi no cuesta, la naturaleza.

También estiran el pesito, son expertos con las ofertas, peinan las góndolas de especiales y no están tan pendiente a las marcas. Si lo tienen bien y si no, pues también. Eso de ser estofones no les va, ellos aprenden, digieren, no se matan por lo académico sino por el conocimiento. Total, la F no significa fracaso y la A no garantiza el éxito. Eso es así.

Han desarrollado su propia táctica para sobrevivir en el mundo jodido que les estamos entregando y no están dispuestos a echarse a morir. Al contrario, viven a plenitud, a lo ancho y a lo largo de lo que la vida les permita. Bailan, brincan, cantan a coro, a karaoke, a capella.

Okey, hay algunos que han optado por un camino amargo y oscuro. Pero los buenos siempre son más, lo que pasa es que en una sociedad de noticia amarillista ni nos enteramos.  La tienen difíciles pero son campeones. Algo bueno habremos hecho para que saquen lo mejor de su estirpe y batallen con fuerza. Miro a mis hijos y a los hijos de todo el que conozco y pienso que son unos campeones, unos campeones.

Nosotros somos una recua de mamalones. Destetarnos de lo material nos ha costado y sigue costando. En vez de defender la tierra la hemos despreciado, ni pa’l carajo nos doblamos a recoger los frutos del campo. Somos la generación de la oficina, del aire acondicionado. Hemos escogido políticos de pacotilla y ahora nos estamos quejando. Pero qué coño, si hemos sido nosotros los que les hemos permitido robarnos. Ya les digo, somos tontos! Nos cuesta vivir el presente porque lo hacíamos pensando en el futuro, en el retiro y resulta que ahora no hay retiro visible, hay que seguir doblando el lomo hasta que el cuerpo aguante. Nos hemos enfrascado en vivir de ilusiones perdiendo el tiempo que debemos invertir en vivir el hoy, que es lo único seguro que tenemos. A fin de cuentas mañana estiramos la pata y no vivimos al nivel que debíamos haber vivido.

Es a nosotros a quienes nos toca aprender, aprender de los hijos.

UKA GREEN/ COPYRIGHT 2016

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s