Má, hablemos de sexo

Má, hablemos de sexo

“Má, hablemos de sexo”, me dijo uno de mis hijos en el camino a casa de regreso del colegio. Yo por poco le espeto los dientes al guía. En realidad por poco me lo como. Eso de hablar de sexo con mis hijos se me hace difícil. Si, ya sé, es necesario. Pero vamos, que se me hace difícil y seguramente no seré la única madre que se sienta igual. Siempre los veré como mis bebés, quiero que lo que salga de su boquita santa sea gu gu, ga ga, y yo responderles pochito lindo de mami y esos balbuceos típicos de cuando son chicos.

Pero bueno, que mis hijos ya se van haciendo grandes, tan grandes que hablan esplayaos, sin tabús, sin miedos. En este camino del crecimiento me asombra que hayan perdido el nombre. Si señores, lo perdieron y me enteré cuando invitaron a un grupo de amigos a  la casa para un torneo de Playstation. Resulta que ahora todos se llaman Cabrón. Cabrón pa’ quí, Cabrón pa’ llá…. carajo, con unos nombres tan lindos que les enganchamos de nacimiento.

Con las nenas todo fue un poco más fácil, o mejor dicho, un poco más llevadero. Dije un poco. A las niñas uno le habla en diminutivo o en nombrecitos inventados de manera que suenen graciositos. La toti, el totito…. Como si fueran tontitas. A mi un día Antonella me paró de sopetón el hablarcito. “Mami, no es toti, es vulva, entiendes? es vulva”.

Pues regresando a ese momento en que mis hijos querían hablar de sexo, les confieso que en mis oídos cincuentones la palabra resonó como un eco lejano…. sexo….. exo…. exo….xo….. interrumpido por las preguntas incisivas de esos dos varones que parí a mis cuarenta años, y que ahora a mis cincuenta y tres me obligan a pintarme casi semanalmente el pelo para moverme con algo de dignidad entre las madres de octavo.

Lo cierto es que yo venía hablándoles de los embarazos en adolescentes, de lo que pueden ocasionar en sus vidas, de cómo pueden interrumpir sus estudios, sus planes, de cómo algunas jovencitas y jovencitos salen airosos pero la mayoría tiene que enfrentarse a lo que significa perder sus años de juventud para asumir una responsabilidad a destiempo. Luego del discursito fue que me dispararon el “Má, hablemos de sexo”.

“Bueno”, dije carraspeando la garganta, “como les iba diciendo, esos embarazos ocurren porque los jóvenes tienen sexo antes de tiempo cuando en realidad hay un momento para todo en la vida…”.

“O sea”, me dijo uno de ellos, “que no usaron protección”.

“Exactamente”, les respondí, “no utilizaron profiláctico”.

“Má”, me dijo el otro, “no seas tan complicada y tan fina, se dice condón, entendiste? se dice condón”.

Condón… condón… dón… dón…. resonaba el eco en mis oídos, en mi mente, en mi espíritu.

“Má, tu sabes lo que es un condón? Es para recoger el esperma, para impedir que tu sabes, tu sabes má, que el esperma…. má, es que me da pena hablarte como nosotros hablamos”.

No sé por qué me vino a la mente aquella frase memorable de la telenovela Betty La Fea: El diablo es puerco.

(Esta columna continuará… continuará…. inuará…á…)

UKA GREEN CUARENTAYTANTOS/ COPYRIGHT 2014

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